24 agosto 2009

Avatar

Voy a inaugurar mi sección de cine con este post sobre la película Avatar.
Avatar es una película que está dando mucho de qué hablar por dos cosas: Primera; la dirige James Cameron, y segunda; la promoción de esta película consiste en mostrar algunas imágenes pero no dejar claro de que va. Se supone que la curiosidad atraerá al espectador a las salas o a su sitio favorito de enlaces bittorrent, según lo tacaño que sea éste y de cómo se tome que le intenten manipular (si, finalmente, le manipulan, si no no se la descargaría).

En fin, mucho secreto, y muchas tonterías, pero como han presentado el videojuego recientemente, pues ya se sabe la historia. A saber (cuidado, alerones feos):

Los humanos pretenden hacerse con un planeta alienígena, con el método clásico de aniquilar a los nativos, que si no luego te forman grupos de presión, y te saltan dando por saco con que si derechos -especiales para- indígenas, revoluciones bolivarianas, etc... Para infiltrarse mejor, meten la consciencia de un soldado humano en un guerrero alienígena, para que espíe o ayude desde dentro. La misma idea de Terminator, que más tarde se copió en la serie reimaginada de Battelstar Galactica.

Como veis, los humanos para entonces habrían aprendido mucho de la historia real y de la cinematográfica. Pero el guerrero, una vez dentro, ayuda a los alienígenas a revelarse. Y es que, una vez infiltrado, encuentra una alienígena que le da morbillo, y decide impresionarla para llevársela al catre, a la hamaca, a la rama, o a lo que quiera que tengan los alienígenas. Al fin y al cabo, "hacérselo con una alienígena es el sueño del hombre desde que puso por primera vez su vista en las estrellas" -Zapp Brannigan-; un claro homenaje al capítulo "Obras de Amor Perdidas en el Espacio", de Futurama, y a "El Último Samurai".


Y como esto es una crítica de cine, después de dejar clara mi cultura cinematográfica con las referencias de párrafo anterior, ahora toca la sentencia prepotente, sabionda y engreída que no puede faltar en ningún crítico que se precie. Ahí va:

Espero que no repitan la esperpéntica idea de proyectar una adaptación en visión estereoscópica (3D con gafas, para vosotros la plebe) sólo para decir " mirad qué moderno soy, yo también lo hago". Así es como, por desgracia, han hecho con UP, y como algunos tememos que hará
Guillermo del Toro con El Hobbit bajo sugerencia de Peter Jackson, ambos siempre encantados de haberse conocido (a ellos mismos, no mutuamente -Les sugiero que para la próxima producción cuenten con Almodovar). Las películas, o se hacen para visión estereoscópica y el
80% de los espectadores no las aprecia porque la ve en 2D, como hicieron con beowulf (dejando patente que la película era una mamarrachada), o se hace en 2D, y por tanto se ve mejor en 2D. Los avances tecnológicos en el cine, o llegan a todos, o mejor que se proyecten en cines como el Omnimax de Sevilla, que murió de éxito... o de éxodo, más bien.
De hecho, podían retirar, ya de camino, muchos de los supuestos avances que los cinéfilos de verdad entendemos que han fracasado rotundamente; el color (las películas antiguas son mucho mejores, como (¡por fin!) todo el mundo sabe), el dolby, el doblaje (¿qué pasó con aquellos maravillosos remakes holiwoodienses hechos para el mundo hispano, con actores españoles, cubanos y mexicanos peleándose por el acento con el que hablarían si fueran estadounidenses?), y si me apuran hasta el audio. Y es que, las películas, sólo en el cine (¡¿DivQué?!), en sesión continua, y con un pianista, como Dios manda. Así adquiriéremos de camino un poco de cultura musical, que hoy en día los niños se creen que un músico es lo que el Bisbal de turno.

¡He dicho!